Las nuevas Guías Alimentarias para los Estadounidenses 2025–2030 promueven un enfoque de “comida real” que prioriza alimentos mínimamente procesados y densos en nutrientes, al tiempo que desincentiva el consumo de productos altamente procesados y de aditivos alimentarios, incluidos los edulcorantes bajos o sin calorías. Sin embargo, la recomendación respecto a los edulcorantes bajos o sin calorías está débilmente fundamentada y parece estar impulsada más por una ideología sobre el “procesamiento” que por una consideración equilibrada de la evidencia científica disponible
Las nuevas guías recomiendan reducir tanto los azúcares añadidos como los edulcorantes bajos o sin calorías. Afirman, sin matices, que los edulcorantes bajos o sin calorías no forman parte de una alimentación saludable en ningún nivel de consumo. Esta postura absoluta resulta sorprendente dada la evidencia actual que muestra beneficios potenciales cuando los edulcorantes bajos o sin calorías sustituyen a los azúcares.1
La base de la evidencia utilizada para respaldar estas recomendaciones sobre edulcorantes es inconsistente con los estándares establecidos en los Fundamentos Científicos de las guías.2 Aunque las guías afirman priorizar evidencia causal robusta proveniente de ensayos clínicos aleatorizados (ECAs), se basan en gran medida en estudios observacionales que solo identifican asociaciones débiles e inconsistentes entre bebidas endulzadas con edulcorantes bajos o sin calorías y resultados cardiometabólicos.³ Al mismo tiempo, gran parte de la evidencia de ECAs es descartada porque los ensayos son más cortos, más pequeños o se centran en resultados intermedios en lugar de desenlaces clínicos “duros”. Esto resulta en una metodología internamente contradictoria: los ECAs se declaran el “estándar de oro”, pero sus hallazgos son prácticamente ignorados cuando no se alinean con la narrativa deseada.
Una limitación importante es que la recomendación de limitar los edulcorantes bajos o sin calorías se basa en evidencia observacional que es vulnerable a factores de confusión y causalidad inversa (por ejemplo, las personas con obesidad o diabetes pueden tener más probabilidades de elegir edulcorantes bajos o sin calorías).⁴ En contraste, los ensayos clínicos aleatorizados (ECAs) de alta calidad y los análisis ajustados por sesgos de estudios de cohortes prospectivos que demuestran beneficios al sustituir edulcorantes bajos o sin calorías por azúcar —incluyendo reducciones en el peso corporal y el riesgo cardio metabólico— son reconocidos en la revisión general³ pero no se incorporan en la guía final. Otra revisión exhaustiva reciente, que analizó metaanálisis tanto de ECAs como estudios de cohortes prospectivos, reveló una marcada división metodológica: mientras los análisis “no ajustados” de estudios de cohortes con evaluaciones de exposición prevalente (un solo punto basal) a menudo asocian los edulcorantes bajos o sin calorías con mayores riesgos de obesidad, diabetes y enfermedad cardiovascular, los análisis “ajustados por sesgo” mostraron lo contrario, alineándose con los datos de ensayos clínicos.⁴ Específicamente, cuando los edulcorantes bajos o sin calorías se utilizaron para reemplazar el azúcar y reducir la ingesta total de calorías, se asociaron de manera consistente con reducciones en el peso corporal, la grasa corporal y la ingesta de energía en los ECAs, así como con menor peso corporal, obesidad, enfermedad coronaria, mortalidad cardiovascular y mortalidad por todas las causas en los análisis ajustados por sesgo de cohortes prospectivas.
Esta interpretación selectiva de la evidencia plantea la posibilidad de sesgo de confirmación, especialmente dado el principio general en contra de los alimentos altamente procesados. El informe pide más ECAs de largo plazo con resultados clínicos, pero tales ensayos son complejos e irrealizables, lo que complica aún más las expectativas de evidencia.
En conjunto, la recomendación de limitar los edulcorantes bajos o sin calorías no está respaldada por la totalidad de la evidencia disponible.⁴⁻⁵ La exclusión o la degradación en la jerarquía de los ensayos clínicos aleatorizados (ECAs) y de los estudios de cohortes ajustados por sesgo —que muestran beneficios potenciales al sustituir los edulcorantes bajos o sin calorías por azúcar— resulta difícil de conciliar con la afirmación de que la guía está basada en evidencia. La postura actual parece estar impulsada más por una filosofía prescriptiva de “comida real” que por una evaluación científica equilibrada. En consecuencia, la recomendación sobre los edulcorantes bajos o sin calorías debería revisarse o justificarse explícitamente, en lugar de presentarse como una conclusión basada en evidencia.