Bruselas a 10 abril de 2026: La Asociación Internacional de Edulcorantes (ISA por sus siglas en inglés) toma nota de la publicación de un nuevo estudio Frontiers in Nutrition que examina los efectos de la sucralosa y estevia en condiciones experimentales en ratones. Es importante situar los hallazgos en el contexto adecuado y reafirmar que no cuestiona las conclusiones establecidas de estos edulcorantes bajos en calorías/sin calorías para los seres humanos.
De hecho, los resultados de los experimentos en animales sobre efectos en el microbioma tienen una relevancia limitada para la salud humana. Existen diferencias fisiológicas y del microbioma intestinales sustanciales entre ratones y humanos, incluidas conductas que facilitan la transferencia del microbioma en los roedores, lo que significa que los hallazgos no pueden extrapolarse directamente a personas. También debe señalarse que las generaciones posteriores de ratones no se les administraron directamente edulcorantes, por lo que resulta difícil determinar si los cambios observados en estos experimentos se transmitieron a través de las bacterias intestinales o mediante procesos biológicos heredados.
La sucralosa y la estevia han sido evaluadas rigurosamente por las autoridades de seguridad alimentaria y están aprobadas para su uso en alimentos y bebidas dentro de su Ingesta Diaria Admisible (IDA). La seguridad de la sucralosa fue reafirmada más recientemente por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA).
Estudios individuales en animales que utilizan condiciones experimentales no sustituyen este sólido cuerpo de evidencia, especialmente a la luz de la evidencia procedentes de ensayos clínicos aleatorizados en humanos, que muestra cada vez con mayor claridad que no existe un impacto sobre el microbiota intestinal tras la exposición a distintos tipos y dosis de edulcorantes bajos en calorías/sin calorías.
Como parte de una dieta y un estilo de vida saludables en general, los edulcorantes bajos en calorías/ sin calorías, como la sucralosa y la estevia, pueden utilizarse para apoyar los objetivos de salud pública orientados a la reducción del consumo de azúcar y, contribuir finalmente, en el control de peso y de la diabetes, así como a la salud dental.