Apetito, Saciedad y Hambre


Publicado: 02 octubre 2016

La poderosa atracción de los seres humanos por los alimentos y bebidas de sabor dulce ha dado lugar a la noción de que el apetito por los productos dulces puede estimular una alimentación excesiva e inducir aumento de peso a largo plazo. Además se ha sugerido que los edulcorantes bajos en calorías intensifican el apetito natural por lo dulce, exacerban el deseo de productos dulces de todo tipo, e impiden a los consumidores gestionar correctamente su respuesta al sabor dulce.

No obstante, los estudios existentes, que utilizan metodologías muy diferentes en diversos tipos de consumidores (varones, mujeres, delgados, obesos, nunca obesos, anteriormente obesos) alcanzan unas conclusiones muy consistentes: el uso a corto y largo plazo de edulcorantes bajos en calorías no muestra ninguna asociación consistente con un aumento del apetito por el azúcar o por los productos dulces. En realidad, en muchas instancias, el uso de edulcorantes bajos en calorías se encuentra asociado a una reducción de la ingesta de sustancias de sabor dulce.

Los edulcorantes bajos en calorías no afectan al apetito o a la sensación de hambre

La noción de que los edulcorantes bajos en calorías podría incrementar el apetito y la ingesta fue formulada en la década de 1980 por John Blundell y su equipo. La teoría alegaba que la experiencia del dulzor sin calorías podría debilitar la relación natural dulzor-energía, y por lo tanto, trastocar los mecanismos de control del apetito. No obstante, estos resultados iniciales no se han visto replicados en los numerosos estudios posteriores que han sido incapaces de mostrar ningún efecto estimulante de los edulcorantes bajos en calorías sobre el apetito y la ingesta de energía. El propio Blundell, dentro del contexto de la controversia, dejó claro que él nunca había afirmado que los edulcorantes bajos en calorías por sí mismos, y en especial el aspartamo, estimularan el apetito y la ingesta de energía.

Una declaración de consenso recientemente publicada por los principales expertos concluye que los edulcorantes bajos en calorías tales como el aspartamo, el acesulfamo K, la sacarina, la sucralosa y la estevia (o los glucósidos de esteviol) no incrementan el apetito ni generan un efecto sobre la sensación de saciedad, y que pueden facilitar la pérdida de peso al sustituir el azúcar (Gibson et al, 2014).

Si desea consultar la declaración de consenso de Gibson et al

Lo que la ciencia revela

Los estudios humanos sugieren que los edulcorantes bajos en calorías ni promueven ni suprimen el apetito. Una revisión reciente de Bellisle (2015) examinó los efectos específicos del uso de edulcorantes bajos en calorías sobre el apetito de productos dulces en relación con el control del peso, y concluyó que el uso a corto o largo plazo de edulcorantes bajos en calorías no muestra ninguna asociación consistente con el incremento del apetito por el azúcar o por los productos dulces. En realidad, en muchas instancias, el uso de edulcorantes bajos en calorías se encontraba asociado a una reducción de la ingesta de sustancias de sabor dulce. Esto sugiere que los edulcorantes bajos en calorías pueden ayudar a satisfacer el deseo por lo dulce y no fomentan el hecho de ser más “goloso”.

Diversos estudios han examinado asimismo los efectos agudos de los edulcorantes bajos en calorías sobre el apetito, la sensación de hambre y la ingesta de alimentos, y concluyeron que la sustitución del azúcar por edulcorantes bajos en calorías no incrementa la ingesta de alimentos ni la sensación de hambre en niños (Anderson et al, 1989; Birch et al, 1989), ni en personas con un peso normal (Rolls et al, 1989; Mattes, 1990, Drewnowski et al, 1994; Anton et al, 2010; Bryant et al, 2014) ni en personas con sobrepeso (Fricker et al, 1993; Drewnowski et al, 1994; Anton et al, 2010).

La cuestión del apetito por lo dulce ha sido analizada asimismo en ensayos aleatorios controlados a largo plazo tanto en adultos como en niños. En una intervención de pérdida de peso de seis meses de Piernas et al (2013), se solicitó a adultos obesos (n=104) que sustituyeran su ingesta diaria de bebidas endulzadas con azúcar por bebidas con edulcorantes bajos en calorías, mientras que se solicitó a otro grupo (n=106) que sustituyera las bebidas endulzadas con azúcar por agua. La hipótesis a verificar era que la ingesta de edulcorantes bajos en calorías en las bebidas incrementaría la ingesta de alimentos y bebidas de sabor dulce. Sin embargo, los cambios alimentarios registrados en el grupo de intervención no respaldaron la hipótesis. En realidad, los pacientes expuestos a un alto nivel de ingesta de bebidas con edulcorantes bajos en calorías durante seis meses redujeron de manera significativa su ingesta de azúcar durante la intervención. En este EAC, los datos de consumo espontáneo no apoyan la noción de que los edulcorantes bajos en calorías en bebidas ejerce un efecto intensificador sobre el apetito en general, y sobre el apetito por los productos de sabor dulce en particular. Realmente los resultados sugieren una supresión más amplia del apetito por el sabor dulce en los participantes con una alta ingesta diaria de bebidas dietéticas que en el grupo de ingesta de agua.

El estudio DRINK (De Ruyter et al, 2013) es otro ensayo aleatorio realizado en niños en edad escolar. Durante una intervención de 18 meses, 641 niños en su mayoría con un peso normal fueron distribuidos aleatoriamente en dos grupos. Un grupo recibió y consumió una bebida que contenía azúcar (104 kcal) cada día, mientras que el grupo de control recibió y consumió una bebida placebo (endulzada con edulcorantes bajos en calorías). Durante la fase de intervención, no se produjo ninguna “compensación” de la ausencia de energía derivada de la bebida con edulcorantes bajos en calorías, y la sensación de saciedad experimentada fue la misma en ambos grupos. Además, la sustitución de bebidas que contienen azúcar por bebidas sin azúcar redujo el aumento de peso y la acumulación de grasa corporal durante el período de intervención. De nuevo este ensayo EAC en niños no respalda la hipótesis de que los edulcorantes bajos en calorías podría exacerbar la propensión o el deseo de consumir productos de sabor dulce.

Además, un estudio de Antenucci et al, publicado en 2015, examinó el impacto que los edulcorantes bajos en calorías tenían sobre las partes del cerebro que responden al sabor dulce. Los resultados del estudio muestran que los edulcorantes bajos en calorías no sobreestimulan estas partes del cerebro, ni producen una intensificación de las sensaciones dulces. Estos datos no respaldan la afirmación de que los edulcorantes bajos en calorías secuestran o sobreestimulan los receptores del sabor dulce para producir unas mayores sensaciones de dulzor.

Referencias

  1. Anderson, G.H. et al. Aspartame: Effect on lunchtime food intake, appetite and hedonic response in children. Appetite, 1989; 13: 115
  2. Antenucci RG, Hayes JE. Nonnutritive sweeteners are not supernormal stimuli. Int J Obes, 2015 Feb;39(2):254-9.
  3. Anton SD et al. Effects of stevia, aspartame, and sucrose on food intake, satiety, and postprandial glucose and insulin levels. Appetite 2010; 55(1): 37-43.
  1. Bellisle F, Drewnowski A. Intense sweeteners, energy intake and the control of body weight. European Journal of Clinical Nutrition. 2007;61:691-700
  2. Bellisle F. Intense Sweeteners, Appetite for the Sweet Taste, and Relationship to Weight Management. Curr Obes Rep 2015; 4(1): 106-110
  3. Birch, L.L., et al. Children's food intake following drinks sweetened with sucrose or aspartame: Time course effects. Physiol Behav, 1989; 45: 387
  4. Bryant CE, et al. Non-nutritive sweeteners: no class effect on the glycemic or appetite responses to ingested glucose, Eur J Clin Nutr. 2014;68(5):629-31
  5. De Ruyter JC, et al. The effect of sugar-free versus sugar-sweetened beverages on satiety, liking and wanting: An 18 month randomized double-blind trial in children. PlosOne 2013;8:e78039
  6. Drewnowski, A., et al. Comparing the effects of aspartame and sucrose on motivational ratings, taste preferences, and energy intakes in humans. Am J Clin Nutr 1994; 59: 338
  7. Fricker, J., et al. Comparing the effects of aspartame and sucrose on energy intake, hunger, and taste preferences in obese and lean women. Int J Obes, 1993;17(suppl 2): 48
  8. Gibson S, Drewnowski J, Hill A, Raben B, Tuorila H and Windstrom E. Consensus statement on benefits of low calorie sweeteners. Nutrition Bulletin 2014; 39(4): 386-389.
  9. Mattes, R. Effects of aspartame and sucrose on hunger and energy intake in humans. Physiol Behav. 1990; 47 (6):1037-44
  10. Piernas, C.; et al. Does diet-beverage intake affect dietary consumption patterns? Results from the choose healthy options consciously everyday (choice) randomized clinical trial. Am. J. Clin. Nutr. 2013, 97, 604-611
  11. Renwick and Molinary. Sweet-taste receptors, low energy sweeteners, glucose absorption and insulin release. Br J Nutr 2010; 104: 1415-1420
  12. Rolls, B.J., et al. Hunger and food intake following consumption of low-calorie foods. Appetite 1989; [pgs. 13-15]